0
0

EL CONCEPTO DEL CONTINUUM

EN BUSCA DEL BIENESTAR PERDIDO

LIEDLOFF, JEAN

EL CONCEPTO DEL CONTINUUM
18,00 €
IVA incluido
ez dago eskuragarri
18,00 €
IVA incluido
ez dago eskuragarri
Añadir a favoritos
Editorial:
OB STARE
Año de edición:
2008
ISBN:
978-84-936237-0-8
Páginas:
220

Tres meses antes de publicarse este libro por primera vez en 1975, una amiga me pidió que le dejara la prueba impresa a una pareja que esperaba su primer hijo. Más tarde conocí a Millicent, la esposa, cuando vino a comer a casa con su hijo Seth, que tenía tres meses. Me contó que ella y su esposo Mark, que era médico, estaban convencidos de que mis ideas tenían sentido porque concordaban con lo que sentían. Estaba muy entusiasmada con la idea de que otros padres leyeran el libro, pero le preocupaba que algunos se desanimaran con la idea de tener que mantener un constante contacto físico con sus hijos durante meses.

—Entendí la idea —dijo—, pero estaba segura de que no podría llevar encima el peso equivalente a un saco de patatas de 4,5 a 7 kg. las veinticuatro horas del día. Temo que esto pueda desanimar a la gente. ¿Por qué no sigues sólo con la idea de Dejar la compra en el cochecito y llevar en brazos al bebé como he oído que decías por la radio? La mayoría de las madres estarán dispuestas a hacerlo y cuando lleguen a casa desearán seguirlo llevando en brazos. Yo nunca me separé de Seth porque no sentí ningún deseo de hacerlo.

—Ésa era la idea —le dije—. Sólo funciona cuando el bebé está ahí y tú mantienes un contacto físico con él porque así lo sientes y no porque alguien haya dicho que debas hacerlo. Ni tampoco desearás dedicarte a servir a un bebé hasta ese punto, a no ser que lo conozcas y que te hayas enamorado de él.

—He resuelto el problema de mi baño cogiendo a Seth y bañándome con él —prosiguió—. Si Mark vuelve a casa a tiempo, tampoco puede resistirse y se mete con nosotros en la bañera. Le encanta dormir con Seth tanto como a mí.

—He descubierto la forma de hacer las tareas domésticas y de cuidar el jardín sin dejar a Seth. Sólo me separo de él cuando hago la cama y entonces le hago saltar entre las sábanas y las mantas, a mi hijo esto le encanta. Y para subir el carbón del sótano espero a que Mark pueda ayudarme. El único momento en el que me separo de Seth es cuando salgo a dar una vuelta con mi caballo; una amiga se ocupa de él. Pero al final del paseo siempre estoy ansiosa por volver a estar con mi hijo. Por suerte, como he montado el negocio de la imprenta con una amiga, no he tenido que dejar mi ocupación. Trabajo de pie y ahora ya me he acostumbrado a llevar a mi hijo en un canguro en la espalda o sobre la cadera. Cuando quiere mamar, atraigo el canguro hacia adelante. El niño no necesita llorar, sólo lanza un gruñido y encuentra el pecho. Por la noche, sólo tiene que acurrucarse contra mí para decirme que tiene hambre; le ofrezco el pecho sin más y ni siquiera tengo que despertarme del todo.

Seth permaneció relajado y callado durante todo el almuerzo, como lo habría hecho un bebé yecuana, sin molestar para nada.

Es comprensible que los bebés occidentales no sean bienvenidos en las oficinas, las tiendas, los talleres o incluso en las cenas. Normalmente chillan y patalean, agitan los brazos y tensan sus cuerpecitos, de modo que se necesitan dos manos y mucha atención para tenerlos bajo control. Parece ser que están nerviosos porque tienen un montón de energía sin liberar al no haber estado en contacto físico con el campo energético de una persona activa que ejerce de manera natural un efecto descargante, y al cogerlos en brazos siguen estando rígidos de tensión e intentan liberarse de esa molestia doblando los miembros o señalando a quien los sostiene en brazos para que le haga pegar botes al ponerlo sobre las rodillas o lo lance al aire. Millicent se sorprendió al descubrir la diferencia que había entre el suave tono del cuerpo de Seth y el de otros bebés. Dijo que el cuerpo de los otros bebés estaba más tieso que un palo.

En cuanto se reconozca que tratar a los bebés como nosotros habíamos estado haciendo durante cientos de miles de años nos asegura unas tranquilas, suaves y poco exigentes criaturitas, los jefes ya no necesitarán causar problemas a las madres trabajadoras que no deseen estar aburridas y aisladas todo el día dentro de casa sin la compañía de otros adultos. Los bebés estarían de este modo donde necesitan estar, en el trabajo con sus madres; y las madres también estarían donde necesitan estar, con personas de su edad, no cuidando al bebé, sino haciendo algo digno de un adulto inteligente. Pero lo más probable es que los jefes no se muestren abiertos a esta opción hasta que la fama de los bebés no haya mejorado. La revista Ms hizo un esfuerzo heroico por llevar a los bebés a sus oficinas, pero no habría tenido que ser tan heroico si en lugar de aislar a los bebés dejándolos en los cochecitos junto a los escritorios hubieran estado en contacto con el cuerpo de la madre.

No todo el mundo pone en práctica los principios del continuum con tanta rapidez y entusiasmo como Millicent y Mark, que ahora han criado a sus otros hijos como lo hicieron con Seth. Anthea, una madre, me escribió contándome que en cuanto acabó de leer el libro descubrió que debía de haber escuchado sus instintos en lugar de los consejos de los expertos en el cuidado del bebé, pero ahora tenía un hijo de cuatro años, Trevor, con el que había cometido todo tipo de errores. El hijo que estaba esperando sería un bebé continuum desde el principio, pero ¿qué podía hacer con Trevor?

No sólo es difícil llevar en brazos a un niño de cuatro años para reparar la falta de contacto físico que ha sufrido, sino que para él también es importante jugar, explorar y aprender como le corresponde a su edad cronológica. Sugerí a Anthea y a Brian que durmieran con su hijo por la noche, pero que durante el día mantuvieran con él la misma tónica que antes, a excepción de dejarle subir al regazo siempre que él quisiera y de estar físicamente disponibles todo lo que pudieran. También les pedí que escribieran cada día lo que iba sucediendo, ya que esto ocurría poco después de haber publicado el libro y pensé que su experiencia podía ser útil para las otras personas.

Anthea fue anotándolo todo fielmente a diario. Durante las primeras noches, ninguno pudo dormir demasiado. Trevor no dejaba de moverse y quejarse. Les metía los pies en la nariz, y el codo, en las orejas. Les pedía agua a una hora infame. Una vez Trevor intentó dormir atravesado, y los padres, a cada uno de los bordes de la cama tuvieron que aferrarse al colchón para no caerse. Más de una vez, Brian salió de casa por la mañana para ir a la oficina pisando fuerte, con los ojos enrojecidos y de malhumor. Pero perserveraron en el intento, al contrario de otras familias que acababan diciéndome después de tres o cuatro noches de prueba No funciona; no hemos podido dormir, y se rendían.

Al cabo de tres meses, Anthea me contó que Trevor ya no les causó más problemas, a partir de entonces los tres durmieron apaciblemente todas las noches. Y no sólo mejoró notablemente la relación que Anthea y Brian mantenían con Trevor, sino también la relación entre Anthea y Brian. Y al final del relato me dijo mencionando

Artículos relacionados

  • HISTORIA DE LA PIZZA
    HISTORIA DE LA PIZZA
    CESARI, LUCA
    La pizza no es solo un tótem culinario: encarna valores sociales, políticos y culturales que la han marcado hasta tal punto que su función primaria como alimento queda en segundo plano. He aquí la historia de cómo llegó a conquistar el mundo desde los callejones de la vieja Nápoles por medio de sus artífices, los pizzeros, y de sus principales consumidores, las clases populares...
    eskuragarri

    22,90 €

  • OTRA COSA
    OTRA COSA
    SARRIUGARTE, DANELE
    otra cosa no es una novela al uso: es un cuerpo vivo, mutante, que escribe y se transforma guiado por el deseo kuir. Su protagonista vive desplazada por el hambre de cambio, por el deseo de ser otra persona, y así escribe. Pero no es una novela kuir solo por su contenido, sino porque su propio dispositivo narrativo es disidente: está escrita desde el deseo, el placer y una leng...
    eskuragarri

    20,50 €

  • LOS FALSARIOS
    LOS FALSARIOS
    GARCIA ORTEGA, ADOLFO
    Una historia secreta de la Luna y de quienes la inventaron antes de que el hombre la pisara. En Los falsarios, Adolfo García Ortega construye un brillante artefacto literario entre la novela, el ensayo y el juego erudito, donde visionarios, impostores y escritores poblaron el satélite de civilizaciones imaginarias. Un libro deslumbrante sobre el poder de la literatura para inve...
    eskuragarri

    20,95 €

  • TSUNDOKU
    TSUNDOKU
    RAITO PYM, TAIKI
    Hay libros que compramos con la seguridad de que no los leeremos enseguida, o que quizá no los leeremos nunca. Y, sin embargo, ahí están, apilados en la mesa de luz, en el escritorio, en el comedor. Son presencias silenciosas que acompañan, sin pedir nada a cambio. El término japonés tsundoku pone nombre a una costumbre tan extendida como difícil de admitir: la de comprar libro...
    eskuragarri

    13,90 €

  • MIEDO, PÁNICO, FOBIAS
    MIEDO, PÁNICO, FOBIAS
    NARDONE, GIORGIO
    Considerada un clásico de la terapia breve, esta obra explora nuevos enfoques psicoterapéuticos para resolver rápida y efectivamente problemas graves de miedo, pánico y fobias. Combinando las teorías cibernéticas y constructivistas con los procedimientos de sugestión de Milton Erickson, incorpora nuevos enfoques teóricos de la psicosociología.Giorgio Nardone expone una exhausti...
    eskuragarri

    23,00 €

  • MISTER ÁNGEL DEL R¡O
    MISTER ÁNGEL DEL R¡O
    ANDRES RUIZ, ENRIQUE
    Ángel del Río (1901-1962) fue un insigne profesor español de la Universidad de Columbia y figura clave en el desarro¬llo del hispanismo. Del Río recibió y acompañó a Federico García Lorca en el viaje en el que éste alumbraría Poeta en Nueva York, algunos de cuyos poemas le están dedicados. Compañero y estudioso de la generación del 27, su destino se cruzó con el de pintores, es...
    eskuragarri

    22,50 €